Ted Forrest vs. Andy Beal

Ted Forrest se encontraba de camino a Las Vegas como tantas otras veces. Lo habitual para él es vivir a caballo entre Los Ángeles y Las Vegas buscando las partidas más altas posibles. Incluso su coche parece hecho a medida para esta vida. El Lincoln Mark VIII que conducía lo había ganado originalmente en 1994 Tom McEvoy como premio al “jugador más valioso” del Diamond Jim Brady tournament disputado en el b de Los Angeles. Phil Hellmuth bancaba en parte a b en aquel torneo y se acabó quedando con el coche a cambio de su inversión. Posteriormente el 'Poker Brat' fue bancado por Forrest en otro torneo y este se acabó quedando con el coche como pago.

Como tantas otras veces camino de Las Vegas, Ted llama por teléfono al high brush del Bellagio para ver cómo está la acción en la sala. Brush es la forma coloquial por la que se conoce al jefe de sala. Los llaman “el cepillo” por que su trabajo es solucionar marrones. El brush de high stakes (que además en el Bellagio está situada en una zona elevada) es obviamente el high brush.

Forrest estaba en racha en aquella época. En las 10 primeras semanas de 2001 había ganado 2.3 $ millones. Era un upswing tremendo. La gente comentaba que no podría aguantar por mucho tiempo más ese ritmo, pero Ted es de la opinión que hay que jugar lo más posible cuando estás en racha y buscaba con más ahínco aún partidas altas en las que continuar su racha. En el Bellagio en el 2001 las partidas más altas solían ser de 1.500$/3.000$, pero no funcionaban todos los días. Si la típica partida de 400/800$ estaba en juego Ted se acercaría por la poker room a jugar.

Marcó el número y le pregunto al high brush:

¿Cuál es la partida más alta que tenéis ahora funcionando?

10.000$/20.000$ Texas Hold´em.

¿Cómo? ¿Estás seguro? ¿¡Has dicho 10.000$/20.000$!?

Sí, eso es lo que están jugando. 10.000$/20.000$

El corazón de Ted se puso a cien. ¡10.000$/20.000$! ¿Jugar o no? ¿Se lo puede permitir? ¿Puede dejar pasar la oportunidad? La opinión general es que el Hold´em no es el juego de Ted, que es un enorme jugador de Seven Card Stud pero no tanto de Hold´em.

Pero no se ve todos los días una partida así.

Tras dejar el coche en el aparcamiento del casino va directo a la caja y pide que le abran su caja de seguridad. Mientras espera echa una ojeada a la zona alta en la que se juegan las mesas de high stakes. Chip Reese está jugando con alguien que no conoce.

“Será un hombre de negocios con demasiado dinero” piensa. Las únicas fichas de la mesa son flags, estas fichas son llamadas así por ser blancas con marcas rojas y azules. Valen 5.000 dólares cada una. Los jugadores parece que deben de tener un millón delante por cabeza.

Mientras mira su caja de seguridad ve que todo su dinero es un rack (100 fichas) de flags… Entre el dinero que ha invertido, prestado, leaks (a Ted le gustan demasiado los dados) gastos y lo que tiene en las cajas de otros casinos esto es su actual bankrol.

Medio millón de dólares. 50 ciegas grandes, 25 big bets.

No es demasiado para una partida así.

Ted se dirige hacia la zona de high stakes. Hay una partida de mesa larga en la table one, pero Forrest se dirige hacia la mesa 7. Las normas de Nevada obligan a tener un cartel en la mesa anunciando las condiciones de la partida, como el Bellagio no previno semejante partida, un papel manuscrito anuncia las ciegas.

Texas Hold´em 10.000$/20.000$ ciegas 5.000$/10.000$.

Ted se sienta a la izquierda de Chip. Hubiera preferido sentarse a la izquierda del millonario y a la derecha de Reese, pero sabe que Chip se quejará. Está sentado en su sitio favorito (el 4) para dejar espacio a su rival, no para que alguien se siente a su derecha.

Ni Chip ni Andy dicen nada cuando Ted se sienta.

Ted decide no subvalorar al millonario y esperar a ver como juega, pero la información no es barata. Beal juega muy agresivo y sube casi cada mano. Ver el flop por lo tanto por lo menos sale por 20.000 dólares.

En 20 minutos de partida a Ted ya solo le quedan 100.000 $ y ni siquiera ha participado en tantos botes.

Ted empieza a arrepentirse de haberse sentado, pero ya solo le queda mantener la calma y esperar una buena situación en la que meter su resto...

Finalmente todo va para dentro… El montante del bote es 230.000$ y Ted se lo lleva.

Aún está media caja abajo, pero está cogiendo el ritmo de la partida. Unos botes más tarde han recuperado su buy-in y entonces entra en racha. Buenas cartas, buenos draws, buenos faroles. Forrest se come al millonario y Reese lo único que puede hacer es mantenerse aparte. La partida había empezado a la 1 pm y para la hora de la cena (los americanos cenan a media tarde) Ted tenía todo el dinero del millonario.

Sin pararse a hablar con Chip o con los boquiabiertos jugadores que observan desde la table one, Ted deja tres racks de flags en su caja particular, sube a su coche y se va a casa.

El beneficio de aquella noche fue exactamente 1.035.000$.

Esa misma noche recibió una llamada de “la corporación” como se había empezado a llamar al “equipo” de profesionales. No fue una llamada recriminatoria ni mucho menos. Aunque se hubiera llevado el dinero que esperaban ganar ellos, los jugadores admiraban las narices que había tenido Forrest para sentarse en la partida con todo su bankroll. Sencillamente le informaron de cómo estaban las cosas y le ofrecieron participar en el equipo. Si no le habían llamado antes era porque no estaba en Las Vegas.

Al día siguiente Ted le dio la revancha al millonario jugando ya con el dinero de “la corporación”. Esta vez (ni ninguna otra de ahí en adelante) sin espontáneos.

Andy empezó la partida jugando aún más agresivo que la anterior, pero Forrest le había cogido la medida. Ted se dio cuenta que Andy no estaba dispuesto a ser faroleado y con A alto iba hasta el showdown. Ted se adaptó y le pasó por encima completamente. Andy quiso subir las ciegas a 20.000$ / 40.000$ y Ted no tuvo problema en complacerle. En menos tiempo que el día anterior tenía todas las fichas de la mesa.

Dos millones de dólares de beneficio.

La siguiente en jugar fue Harman. Jennifer estaba muy nerviosa. No sólo iba a jugar por ciegas tres o cuatro veces mayores que lo que estaba habituada, sino que además estaba pasando por una mala racha, y llevaba unos meses sin buenos resultados. No sabía si era por las cartas o si estaba haciendo algo mal. Mientras esperaba la posible llamada jugaba en su casa un freezeout con su marido para entrenarse. Marco no hacía ni medio año que había aprendido a jugar al poker, pero ganó a Jennifer con comodidad.

Justo acababa de perder con su marido cuando sonó el teléfono. Era el high brush del Bellagio. Andy quería jugar inmediatamente, así que tenía que salir de casa en ese momento. No había llegado al coche y el teléfono ya había sonado cinco veces.

Todas decían lo mismo:

“! Rápido, rápido, ven para aquí!”

Al llegar Ted Forrest y Howard Lederer le dieron unos consejos de última hora. La presión de jugar con el dinero de otros y las miradas expectantes de sus compañeros desde la otra mesa la ponían nerviosa. Mientras la esperaba, Beal había jugado HU contra otros jugadores que no pertenecían a “la corporación” y había perdido también contra ellos.

No podía sacarse de la cabeza la idea de que iba a ser la primera en perder y dejar tirados a sus compañeros.

Pero no se es una de los mejores jugadores del mundo porque sí. Una vez sentada en la mesa con 10 torres de 20 flags delante, las fichas son solo fichas y Harman tomo el control de la partida desde el principio. Por dos veces tuvo al millonario contra las cuerdas cuando una carta milagrosa da alas al tejano. Al final y tras diez horas Jennifer gana claramente la partida. Una exhausta Jennifer se levanta con el millón de su rival y sin casi oír las felicitaciones de sus compañeros, se va directa a casa y se queda dormida inmediatamente.

El último que jugaría contra Beal este viaje sería Howard Lederer. “El profesor” sorprende a Beal jugando aun más agresivo que él y en tres horas acaba con el millonario y le gana otro millón.

Tras esa partida Beal decide que ha tenido suficiente y se va de Las Vegas.

Todo ha salido como se esperaba. Beal además de mucho dinero tiene mucho “gamble” en la sangre, y eso nadie mejor que los pros para apreciarlo, pero el mejor juego de los profesionales ha predominado y han ganado el dinero del tejano.

Pero esto no había echo más que empezar durante los próximos años Andy volvería varias veces a Las Vegas, subiendo las ciegas y llevando a los jugadores al límite…

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