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Offtopic Para todo lo que no tiene que ver con el poker

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Antiguo 23-01-2008, 04:52:01   #1
Tiburón
 
Avatar de Pedro_MDQ
 
Fecha de Ingreso: Nov 2007
Mensajes: 552
Pedro_MDQ es espléndidoPedro_MDQ es espléndidoPedro_MDQ es espléndidoPedro_MDQ es espléndidoPedro_MDQ es espléndidoPedro_MDQ es espléndido
Reputación: 533
¿Qué es esto?
Predeterminado Por qué todavía no me compre un DVD (E .Galeano)

Por qué todavía no me compré un
DVD
Eduardo
Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo
tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le
ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi
mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a
otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los
volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus
propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A
nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy
desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y
las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban
como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo!
Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje,
me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de
ahora esté bien, eso no lo discuto



Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de
música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la
computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los
guantes de látex que eran para usar una sola vez!

Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma
plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero
inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el
que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la
vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de
copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta
que en nuestro no tan

largo matrimonio, hemos tenido más cocinas
que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera
tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para
que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de
fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las
Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador
o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para
los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto
producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los
últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de
40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el
basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de.......... . años! Todos los desechos
eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no
estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el
nylon

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y
las que no estaban rodando las quemábamos en

San Juan. Los pocos
desechos que no se comían los animales, servían de abono o se
quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.
Es que no
es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna
vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo
nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de
mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además
cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me
prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el
mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron
para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las
cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé,
tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué
cosas no. Y en el afán de guardar(porque éramos de hacer caso) guardamos hasta
el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del
jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.



Cómo quieren que entienda a esa gente que se
desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
En casa teníamos
un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los
repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo
que no fuera mantel ni cubierto.



Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo
guardábamos!!



Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo
para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para
quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas
para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos
y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de
fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos:
mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a
sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el
tercer y en el cuarto cajón.




Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a
precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico,
capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.




Encendedores sin gas o encendedores que perdían el
resorte. Resortes que perdían a su encendedor.


Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar
encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los
encendedores descartables.



Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se
convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban
las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que
alguna lata viniera sin su llave.

Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban
del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles
calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se
terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.



Los diarios!! Servían para todo: para hacer
plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y
por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de
algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de
los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque
para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no
traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla
de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se
convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond
se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con
tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de
naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una
sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.



Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillo
de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos
derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un
palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de
nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas
aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada.
Ni a
Walt
Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa
se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita',
nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir
en el estante de los vasos y de las copas
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron
macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en
adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de
acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en
portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me
muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que
preservábamos.



Ah¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy
no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta
la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar
objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va
perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo
voy a hacer.



No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo
perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.


No voy a decir que a los ancianos se les declara la
muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian
por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les
discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.


Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de
celulares.



De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que
plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con
menos kilómetros y alguna función nueva.




Pero yo soy lento para transitar este mundo de la
reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el
entregado.



Hasta aquí.

Eduardo
__________________
".... la verdad es que no soy nada sin mi diablo"
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