Que dura es la vida del jugador

Hoy, tras salir de una clase con 12 peligrosas personas en vias de desarrollo (niños de 6-9 años) con dolor de cabeza y garganta por los gritos (míos y suyos) y dirigirme hacia una clase particular bajo la lluvia, con frio, pisando los charcos inevitables... no he podido dejar de acordarme de las diez razones de Thomas Keller  para no hacerse profesional del poquer.

Y ¡claro! no le vamos a quitar razón... es mejor ser millonario de nacimiento, ministro a dedo o cualquier otro trabajo bien pagado que no precise mucho esfuerzo (¿futbolista de élite?). Pero los "curritos" (¡y lo mío no es nada!) estariamos más que dispuestos a pasar las visicitudes del pobrecito Keller con los nervios que se pasan por los altibajos, sobre todo si los "alti" son mayores que los "baji", digo bajos.

Y es que este se preocupa de tener que mantener un bankroll de miles de dólares, mientras muchos no podemos ahorrar nada más que nos cientos (¡como mucho!) para comprar algún regalito de navidad.

Y las relaciones personales de un jugador son más difíciles que las de un obrero de una plataforma petrolifera o un farero (¿farolero?)

Y lo más grave... el pobrecito ya no se divierte jugando al poquer, con lo bien que me lo paso yo mojándome por el mundo y repitiendo lo mismo una y otra vez.

Para mí solo hay una preocupación sobre llegar a ser profesional del poquer... no conseguirlo.

Estoy pensando en escribir "las 123 razones para no ser un currante"

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