Me gustan los Bad Beats.

Y me refiero a los que me hacen. Bueno, los que hago yo (que también soy culpable a veces) también me gustan, aunque no deberían. Y aquí es donde esta la clave del póquer. En que te gusten los bad beats. Porque es algo inevitable. Y que no debe amargarte el día. Y mas aun, aún buenos para ti y para tu bankroll. ¿Difícil de creer?

Bueno, a todos nos ha pasado alguna vez que tenemos Top Pair Top Kicker, defendemos nuestra jugada como jabatos y llega un dominguero cualquiera y con su gutshot es capaz de ver cuantas subidas sean necesarias para ver recompensada su perseverancia en el river con una carta milagrosa para él y fatídica para nosotros. Y eso duele. Pero es en esos momentos en los que estamos ganando dinero.

El póquer es un juego de “largo plazo”. Sobre todo el Limit Holdem. Es todo una odiosa cuestión de probabilidades. Unas veces sale una carta y otras veces no. Y simplemente consiste en saber cuando esto nos va a beneficiar y obrar en consecuencia. No voy a hablar de EV ni de Odds. Pero precisamente estos dos conceptos son la clave.

En la mayoría de los juegos de casino (sino todos) se pierde dinero. Bueno, el jugador lo pierde y consecuentemente el casino lo gana. ¿Lógico? El casino tiene una expectativa matemática positiva. Una vez te saldrá tu numero en al ruleta, pero en el transcurso de toda una noche de juego, tu apenas 2,54% en contra te va a machacar. Lento pero seguro.

En el póquer juegas contra gente. Pero si juegas de acuerdo a las odds y al EV, tienes que tener una expectativa positiva a largo plazo. Él que cometa errores será el que recompense a los demás. E ir en una mano hasta el river buscando un proyecto imposible es ir en contra de las odds y por tanto del dinero. Quizás no esta mano pero si en el largo plazo.

Hay que buscar esas jugadas que dan dinero en el largo plazo. Porque en una mano cualquiera puedes perder con AA contra 72o. Pero en el largo plazo te va a dar dinero. En una mano cualquiera puedes perder con tu Top Pairt Top Kicker. Pero a la larga vas a ganar dinero. Y si ese dominguero deja de hacer call con las odds en contra, dejas de ganar dinero.

Cuando juegas en microlímites las partidas son un caos total. Todo el mundo viendo de todo. Lo flipas en colores. Pero con ganar una mano cumples para toda una hora de juego. Te forras. Caen big bets del cielo. Un bote de 20bb es algo relativamente normal. Y entonces cuando nos cae un tio listo que nos ve todo nos quejamos. Luego subimos de nivel, y los botes son minúsculos. Tienes menos bad beats, pero los botes son ínfimos en comparación. En el mítico ya “largo plazo” estas ganando menos. Porque no van esa legión de calling station y loosers-losers en potencia. Y esos son los que nos dan el dinero. Menos big bets que se compensan porque juegas por mas dinero. Pero se acaba echando de menos a ese pececillo que lo veía todo hasta el river, doblando tus beneficios.

Por tanto cuando nos hacen un bad beat, es porque estábamos tomando la decisión que a largo plazo nos va a dar dinero. Por eso nos tiene que gustar y tenemos que buscarlos y alegrarnos cuando nos lo hagan. Quédate con la cara de los cold-callers con gutshots, y sígueles el rastro. En una mano te joderán, pero a la larga son los que te van a pagar un sueldo a fin de mes.

Comprender todo esto, es comprender la mecánica del póquer. Y la clave para triunfar en el. Lo digo con toda la convicción, pero reconozco que es mi asignatura pendiente. Porque yo, contra toda la teoría de probabilidades y toda la lógica matemática, me pongo de una mala ostia tremenda cuando veo completar una escalera interna delante de mis narices. “Largo plazo”, “largo plazo” ... ¿¡Donde coño esta eso, que no sale en mi mapa?!

Si os ha gustado tanto como a mi el artículo de Fikker, y queréis saber más sobre sus aventuras, os recomiendo que os paséis por su propio blog Fikerpoker.

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