Una loa a los microlímites. "Piano, piano, arrivo lontano" por The BigTrujillano

Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Antonio Machado.

Como en la vida misma, en el póquer la evolución y el crecimiento van ligados a la superación de etapas y saltárselas sin el mínimo rigor exigible no puede conllevar más que malos resultados o una sensación irreal de madurez.

Si habéis seguido con cierta continuidad anteriores entregas semanales de la nómina de articulistas de Póquer Red, recordaréis que Boltrok dedicó, con afinada visión, unas letras a prevenir sobre esa tendencia de afrontar el póquer sin demasiados fundamentos ni objetivos y avisó de la necesidad, tantas veces dejada de lado, de contar con una panorámica presente y futura, factible y organizada, de todos los factores que rodean el póquer.

Y disculpándome de antemano por la auto referencia, en otro artículo yo intenté anticipar lo necesario que resulta, para interpretar el póquer en toda su dimensión, cumplir con ciertas prerrogativas de madurez o, al menos, controlar los rasgos propios de la inmadurez “vital”.

Pues todas estas consignas podríamos situarlas en lo que llamaríamos los “prolegómenos del póquer”.

Cuando nos disponemos a afrontar una empresa, del tipo que sea, y más si dicha empresa se define en términos económicos, no puede hacerse “a tontas y a locas”, necesitaremos unas premisas bien claras y que estaremos dispuestos a seguir “a pies juntillas”, una organización mental cabal y coherente y un plan de trabajo previamente establecido que incluya una serie de dispositivos de acción-reacción para cuando lleguen los momentos difíciles. Y no cabe salirse de esa línea marcada.

Es tan importante esta etapa de preparativos, la cual no deja de ser la creación de un armazón sólido para el futuro jugador de póquer, que incluso antes de aprender las reglas del póquer y sentarse a una mesa para experimentar con lo aprendido, cualquier proyecto de jugador debiera “auto-examinarse” y salir aprobado de esa prueba de ingreso basada en las cuestiones antes explicadas.

Si es tanta la importancia de esa etapa de formación intelectual previa (formación que, por cierto, no debiera ser menospreciada ya en ningún momento por muy alto que sea el nivel que alcancemos) por coherencia tengo que posicionarme en una afirmación que pienso que muchas veces nos “saltamos a la torera”:

No debemos tener urgencia alguna por superar y abandonar las primeras etapas del juego, es decir, debemos dar a los límites más bajos la importancia que merecen.

Existe un error bastante extendido en la dialéctica del póquer que es catalogar los microlímites como un peaje necesario, como un gran lastre del que deseamos desprendernos con la mayor rapidez que nos sea posible.

Este razonamiento es de común aparición por ese relativismo exacerbado que le otorgamos a nuestro juego por el cual, una vez dominados cuatro fundamentos básicos, cuatro movimientos mecanizados y una vez constituido un bank de x “buyines” sobre el nivel en que jugamos, debemos saltar sin complejos al siguiente nivel ya que, cumplidas esas pocas premisas, creo que superficiales, somos perfectamente capaces de movernos en ese nivel superior.

¿Cuál es el problema de supeditar la subida de nivel a esos cuatro fundamentos básicos? Que quizá esos fundamentos no sean siquiera correctos (habrá que dilucidar de dónde viene esa “doctrina” aprehendida, si son fundamentos mayoritariamente aceptados y si han hecho ganadores a un número apreciable de jugadores) y si fueran correctos, quién ha evaluado que nosotros los sabemos utilizar con corrección.

¿Y cuál es el problema de reducir la justificación de una subida de nivel a conseguir x buy in? Pues que tendremos que interpretar cómo se ha logrado alcanzar ese bank, si nos ha tocado el lado bueno de la varianza o no, si ese incremento de bank se corresponde con un juego solvente y si la llegada “por números” a ese siguiente nivel va a significar que en nuestra nueva ubicación andemos como “elefante en cacharrería”, atemorizados y sin desarrollar el juego que acostumbrábamos, es decir, que tengamos que descender al nivel previo con la misma velocidad con que quisimos subir.

Reconozco que puede resultar desalentador, en algunos momentos, verte “encarcelado” en NL10 o NL25, viendo como nuestras ganancias aumentan a un ritmo relativamente lento pero…¿Nos resultará por contra rentable pisar el acelerador?

¿No será más beneficioso pulir los defectos de nuestro juego, que seguro que los tendremos, aunque tengamos que vivir más tiempo en los límites bajos? ¿Por qué tenemos, por ejemplo, esa desafortunada costumbre de apelar a la mala suerte y, lo que es peor, a la ineptitud de nuestros rivales como causa única de nuestro estancamiento?

Pongamos un ejemplo muy “a pie de campo”:

Imaginemos un habitual de las mesas de cash NL5, con un par de meses de póquer a sus espaldas, que le gusta flirtear los fines de semanas con los Torneos Multimesa, que ha leído por encima el “Ganar al póquer” de Sklansky, ha visto dos o tres vídeos de “High Stakes” y ha ojeado los manuales del gran Carreño…

Un día, con sus escasos 100$ de bank, decide “gamblear” un poquito y se registra en un MTT de 20$, coincidiendo que tiene una gran actuación en el mismo, quedando en 2º lugar y engordando su bank hasta los 2000$.

Inmediatamente, loco de euforia por esas sus nuevas cifras, decide abrir varias mesas en NL100, convencido de que por fin está en el nivel que le corresponde…

¿Tiene este jugador bagaje para dejar atrás con ese atrevimiento los microlímites? ¿qué porvenir le pronosticáis en su entrada en NL100? ¿sabrá reponerse de las heridas que a bien seguro sufrirá y volver, con el rabo entre las piernas, a su NL5 original?

Quiero abogar en estas líneas por un cambio en la filosofía de los jugadores noveles que, por lógica, son los que estarán metidos en estos niveles inferiores.

No sería solución baladí organizar nuestra etapa en estos estadios inferiores de la pirámide en torno a una suerte de “manual de uso y disfrute de los microlímites” y procurar tapar nuestros oídos ante esos cantos de sirena que nos seducen con su atractivo cuerpo para acabar devorándonos sin compasión.

En ese manual de hábitos para los microlímites, si en mi mano estuviese, sugeriría algunas recomendaciones:

- Evitemos impregnarnos en demasía de opiniones, instrucciones o métodos de juego acuñados por jugadores de niveles medios o altos.

Nuestro aprendizaje debe ser progresivo y limpio de influencias que no estemos en condiciones de asimilar.

- No apliquemos técnicas elaboradas ni ejecutemos “piruetas circenses” en las mesa de nivel bajo.

Hagamos movimientos estándar, sin riesgos innecesarios, seamos incluso mecánicos para saber aprovechar las “frivolités” de muchos de nuestros compañeros de mesa.

- Escojamos desde el principio la modalidad de juego en la que nos sintamos más cómodos y consolidémonos en ella.

Debemos intentar dominar sus peculiaridades, realizar ajustes constantes, conocer al dedillo a otros regulares…Diversificar modalidades para encontrar soluciones a rachas perdedoras aquí resulta una pésima idea.

- Seamos pacientes y analíticos, porque en contra de la opinión generalizada, los microlímites exigen respuesta y concentración ante jugadores de muy distinta índole, desde el maniaco hasta el ultraortodoxo.

Valga esta comparación: seguro que sabéis que algunos jugadores de la NBA, considerado como el “mejor baloncesto del mundo”, meta de cualquier jugador de cualquier país, se criaron jugando día y noche en las calles, en el baloncesto más indisciplinado y anárquico que pueda imaginarse, donde las “perrerías” y una absoluta falta de reglas ha acabado dotando a algunos de esos jugadores de un talento apreciable que, posteriormente encauzado, les ha conducido a esas altas cotas y, si bien actualmente es más complicado dar ese enorme salto de las calles a la NBA, no cabe duda de que más de uno agradecerá lo que aprendió bregando en esas "junglas" callejeras.

- Finalmente, un cóctel de ingredientes para una rica receta: seamos humildes, reflexivos, conservadores, marquemos metas alcanzables, objetivos a corto plazo y disfrutemos del juego.

Cuando empecemos a notar que el póquer ya no nos resulta tan gratificante, que se ha convertido en una rutina que “sólo” nos reporta beneficios mensuales estables…habremos rebasado la frontera de los microlímites. Hemos alcanzado la siguiente etapa y eso será ya otro cantar…

Mientras tanto… ¡A GOZAR!

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