Se llamaba Heraclio y era de Vitoria. Era el cuarto Heraclio de la familia. Desde que el bisabuelo Heracle había llegado a Álava desde Francia hacía un siglo y pico, los primogénitos de cada generación llevaban ese nombre. Y llamarse así en Vitoria era en realidad un fastidio, ya que lo habitual era Josu, Gorka o Unai, y apechugar con un nombre decimonónico y apellido franchute era en verdad una desgracia.


Para colmo, era conocido por Clío a secas, y el cachondeo fue general cuando, estando en la universidad, su abuelo Heraclio le regaló un flamante Renault Clio 16V al aprobar el primer curso de Ciencias Exactas, con sobresaliente en todas las asignaturas.


Clío era un auténtico superdotado. Su familia, en verdad, hubiera querido que se decantara por Económicas y Empresariales, con vistas a que en el futuro continuara al frente de la fábrica, el negocio familiar. Pero él no pretendía continuar con el próspero y tradicional negocio y se decantó por su pasión: las matemáticas.


Fue durante el segundo curso cuando empezó a jugar regularmente al póker, primero esporádicamente y luego varias veces a la semana, por las noches, en el piso de estudiantes que compartía con otros tres compañeros de clase, en Madrid. Ganaba casi siempre y claro, en cuestión de pocos meses se encontraba jugando regularmente en internet, registrado en varias salas de póker, con un blog abierto (con un seudónimo, no podía aparecer en el mundillo con su verdadero nombre y apellidos), colaborador habitual en foros especializados, y dominando toda la parafernalia del asunto.


Las cosas iban viento en popa, hasta tal punto de que dejó de lado la universidad. Las matemáticas, su pasión, habían encontrado una utilidad práctica, la mayor y más lucrativa utilidad práctica que nunca se hubiera imaginado para las ciencias exactas: el póker online.


Se convirtió en una obsesión. Se pasaba las noches en vela, comiendo cualquier cosa y durmiendo a ratos perdidos, sólo pensando en jugar, jugar, jugar... Al poco tiempo pudo alquilarse, y después comprar, un apartamento para él solo, en donde montó su cuartel general... el pc y las conexiones más rápida del mercado, multipantallas, software, libros, etc. Discutió con los amigos, se distanció de la familia y se le perdió el rastro.


Pasó el tiempo, y en el mundillo no se hablaba de otra cosa. Nadie conocía al anónimo 'Clio16V', que se codeaba con los mejores jugadores de high stakes de las mejores salas, que recibía miles de visitas diarias en su blog, pero que nunca aparecía en eventos presenciales de ningún tipo. Recibió ofertas de Stars, de Full Tilt para que se uniera a su elenco de pros, pero fue imposible sacarle de su anonimato.


Ya casi no tenía retos, había ganado a todos los mejores jugadores del planeta... a todos menos a uno. En el otro extremo del mundo, había un jugador yanki que se le resistía. Sus enfrentamientos con él estaban en números rojos. Su bank de millones de $ no le parecían bastante mientras no venciera a su enemigo, al único que le hacía sombra en las páginas web de ganancias, al único con el que sus números en el tracker aparecían en rojo...


Se volvió loco. Decidió retar a su rival. La partida más fuerte de la historia. Se puso en contacto con la sala más importante del mundo y les planteó el reto: Si su rival aceptaba, jugarían por 30 millones de $ cada uno, todo su bankroll, en un heads up.
Su rival aceptó y cada uno ingresó el dinero en una cuenta bloqueada y controlada por la sala de póker. El reto tuvo repercusión mundial. No había jugador de poker en el mundo que no estuviera al tanto y que no se dispusiera a seguir el enfrentamiento de Clio con el yanki.


El día fijado, dio comienzo el torneo ante la mirada atónita de la comunidad pokeristica mundial. 60 millones de dólares para el ganador. La partida se prolongó durante horas, y por fin, yendo Clío ligeramente por debajo en fichas, llegó la mano. La mano.


'Clio16V' , llevando KK, creyó desmayarse de placer cuando su rival vió su all-in en un maravilloso flop KKA. Sus pulsaciones estaban a 200, como en los lejanos días en los que aprendía a jugar en el piso de estudiantes, realmente estaba disfrutando cuando cayó el 2 de tréboles en el turn....
A los tres segundos, deseó estar muerto. El river trajo el as de picas, y su rival del otro lado del océano, enseñó AA. Estaba arruinado.


Los siguiente días son una pesadilla. No vuelve a encender el ordenador.
Ha pasado de ser un dios a ser un puto perdedor. No tiene vida, no tiene amigos, no tiene familia...
Menos mal que nadie conoce su “verdadera” identidad de ex-millonario en su barrio, va pensando Clío cuando entra en un par de comercios de su calle y compra algo de comer, mientras sopesa que hacer con su vida.


El siguiente viernes, de madrugada, se despierta sobresaltado... Ha estado soñando.
Se levanta empapado en sudor, y acude a la cocina de su madriguera, a beber algo.
Al pasar por el salón, ve su cuadro de mandos pokeril, muerto y abandonado desde el fatídico duelo. Lo enciende...


Tiene que recargar tres veces la página web mientras mira aquel papel y memoriza sin esfuerzo, como en los tiempos de la universidad, los números que en él figuran: 2 12 31 40 48 . Además el 3 y el 7.
Una sonrisa de oreja a oreja se le dibuja mientras piensa: “Después de todo, quizás pueda recuperar mi caja...”


Heraclio Fournier, 'Clio16V', descendiente de la familia poseedora de la mayor fábrica de naipes del mundo, es el único ganador del bote de 100 millones de euros en el sorteo de ese viernes del Euromillones.


Un tío con suerte...