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Tema: Danielle

  1. #1

    Fecha de Ingreso
    20 Nov, 08
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    3,473

    Predeterminado Danielle

    A última hora, siempre tarde y de mala manera. Si es que los plazos me ponen.

    Decididamente, no iba a postearlo. Me gustaría retocarlo, revisarlo, cambiar cosas. Es un trabajo inconcluso, podría decirse.

    Está dedicado a la gente del torneo de los lunes. Porque sí. Sobre todo porque le dije a Yunka que iba a escribir un relato para el duelo de escritores. Y hablar por hablar, es de gente poco cumplidora.

    Pues ya sabeis, daros por aludidos todos los que en algún momento habeis pasado un momentito en las mesas uno de esos lunes. So gamblers degeneraos. Y sobre todo a Yunka. A ric, a cris, a tony y al puñetero luso. A Ray.


    "Danielle"



    1


    El palacete rebosaba de gente. Lacayos de altas pelucas empolvadas se multiplicaban para que las bandejas no dejaran de desfilar frente a los asistentes al festejo. Un cuarteto de cuerda se encargaba de ambientar la ocasión y la gente se agrupaba en animados corrillos entre los que correteaban los chiquillos. Satenes, sedas y bordados colgaban de las paredes a modo de tapices para terminar de dar el tono festivo a la multitudinaria reunión.
    El mayordomo de la casa escanció la totalidad del contenido de una botella de cognac en una docena de copas de balón y, con enorme pericia, se dirigió desde la enorme cocina hacia la sala de juegos, que se encontraba al final del pasillo que atravesaba el ala oeste, vetada al resto de invitados. En el interior de la sala, el agasajado se encontraba rodeado de sus amistades más cercanas, ya fuera por antigüedad, ya por su capricho. Así escogidos, no superaban la decena.
    -¡Feliz aniversario a nuestro querido amigo Armand!¡Larga vida al conde de Tureaux!- El brindis elevó aún más el tono de las risas y parabienes que cargaban el ambiente y fue jaleado con ánimo por los presentes.
    -¡Aún no soy el conde, Bertrand, marqués de Cligny y par de Francia! ¿Tan poco queréis a mi padre que lo creéis muerto ante vos? ¡Pensaba que estabais tan unido a él que decidisteis mamar de la misma nodriza!¿Y ahora lo enterráis en vida?- Los comentarios elevaron más si cabe el tono de las carcajadas.
    El marqués, autor del brindis y tan acertadamente aguijoneado, fue obligado, a empujones, a acercarse hacia el sillón en que se sentaba el conde; pidiendo silencio, le tendió un atado de terciopelo azul rematado por cintas de seda bordadas en oro.
    -Los aquí reunidos tenemos el placer de entregarte este presente. – Murmullos de aprobación acompañaron la ofrenda- Esperemos que sea de tu agrado. Y si no, te lo callas, a ver si se nota tu exquisita educación – Estruendosas risotadas acompañaron al conde mientras deshacía el nudo y apartaba la pieza de lujosa tela.
    Nadie que no conociera de antemano la belleza del regalo pudo dejar de mostrar su aprobación. –Qué belleza. Es una baraja. Realmente impresionante.-Los reunidos arrancaron a aplaudir mientras el conde pasaba una a una las cartas iluminadas a mano, al temple, en consonancia con su estilo medieval, y rematadas con filigrana de hilo de oro. Cada naipe constaba de un paisaje de fondo que representaba distintas zonas de Francia fácilmente reconocibles y las figuras estaban representadas de forma completamente realista, semejantes a retratos. Cada palo de la baraja se diferenciaba por el color predominante. Rojo para los corazones. Negro para las picas. Verde para los tréboles y plata para los diamantes. 52 obras de arte manufacturadas expresamente para la ocasión.
    -Una verdadera maravilla. Si el fin que perseguíais era regalaros a vosotros mismos la baraja ideal para nuestras reuniones y apuestas, lo habéis disimulado torpemente.- Risas cómplices interrumpieron al conde.- Pero no tengo manera de convenceros de que no habéis acertado de pleno. ¡Gracias, amigos!- El conde abrió sus brazos para abrazar al más cercano de los presentes y la habitación se llenó de risas y chanzas mientras agradecía, uno a uno, el maravilloso regalo recibido.

    Poco a poco se apagaban los taconeos en el mármol. Los borrachos eran transportados en volandas a sus carruajes y las prostitutas recibían su salario y eran discretamente desalojadas por las puertas de servicio. En la sala de juegos, ya solo, el joven Tureaux examinaba los naipes con los ojos nublados por el alcohol y el cansancio, de principio a final y vuelta a empezar, al modo en que se divierten los borrachos y los niños. Y siempre se detenía en una carta en particular. Las damas , en particular, eran los retratos más atrayentes entre todos. Torsos de bellas mujeres con suntuosos vestidos que miraban a derecha o izquierda como si fijaran su vista en un horizonte inalcanzable para el observante, levantando altivamente la barbilla en un gesto común a su majestad y posando con las manos sutilmente colocadas en gráciles posturas que pretendían denotar finura y elegancia ; todas excepto una. La dama de picas mantenía los brazos laxos a lo largo del tronco y se intuía que unía sus manos sobre los muslos, ya fuera de cuadro. El vestido negro, de acorde al palo sobre el que representaba reinar acentuaba la tristeza de unos ojos que, lejos de intentar alcanzar un infinito lejano. se entornaban y se atrevían a enfocarse de soslayo en el poseedor del naipe. Tan tremenda era su belleza que destacaba, entre el resto de magníficas poses y graciosos y coloridos vestidos, sólo con mostrarse sentada en un discreto sofá, distraída; robada, más que retratada.


    2


    “Alain, tu ausencia en el cierre mensual de cuentas de las minas de carbón es inexcusable.
    Si tú no cumples tus exiguas obligaciones, yo no creo que deba seguir cubriendo tus gastos. Tu asignación mensual se reducirá al equivalente actual de la parte proporcional del presupuesto dedicado a viandas y mantenimiento del palacete. Es mi obligación como padre el asegurar tu supervivencia, nada más. Nada más.


    Edegard, Conde de Tureaux”



    - Gracias, Bertrand. La familia Tureaux usa de mensajero ni más ni menos que a un par de Francia. Imagino que mi padre está al corriente de que eres el único que sigues acudiendo regularmente a comprobar si sigo existiendo.-rezongó el joven, dejándose caer abatido en el sillón.
    -De nada. No se me da mal ser ave de mal agüero. De hecho, el resto de chismorreos que traigo hoy tampoco son precisamente panegíricos. La gente habla de melancolía, enfermedad que consume las ganas de vida alegre y concupiscencia, y normalmente debido a vanas ilusiones o secretos inconfesables que el desgraciado que la sufre, en este caso tú, se lleva a la tumba.-Sonrió.
    -Es un avance. Las primeras hipótesis hablaban de sífilis. O locura. Obviamente inducida por la sífilis.- Respondió el presunto enfermo con socarronería.
    -Y ahora que hemos llorado ambos tus penas, espero que podamos brindar por tus alegrías. He conseguido la dirección del pintor. Sé quién hizo los retratos grabados en los naipes.
    El joven saltó desde el sillón para caer atropelladamente arrodillado a los pies del marqués. Por primera vez en semanas, sus ojos estaban llenos de vida.
    -¡Bertrand, mi buen amigo! Durante semanas enteras he intentado contactar a alguien que conociera a ese hombre. ¿Cómo lo has logrado? ¡Da igual!¡A mis brazos! ¡Gracias, gracias, mil gracias!- alborotaba el joven Tureaux saltando sobre el maduro marqués como los niños saltan sobre quien les trae golosinas o presentes.
    -Déjate. Saca tus manos de encima, que no estoy para bailes. Me ha costado un tiempo, pero al final lo he encontrado en Flandes, gracias a un comerciante al que le compro bordados. Y lo mejor de todo. Me ha confirmado que realizó los retratos en Francia. A apenas un día de viaje. En Troyes. Y que todos los modelos eran de la localidad.
    -Pues, querido Bertrand, todo lo que necesito ahora para mi definitiva curación es un caballo y un par de alforjas.


    3


    La hospedería ocupaba la margen derecha de un pequeño afluente del Sena, con el que se encontraba unos pocos kilómetros más atrás, desandando el camino hacia Reims.
    El edificio principal, con las caballerizas adyacentes, constaba de una amplia cocina, un comedor más amplio aún y un segundo piso dedicado a habitaciones individuales. La habitación común se encontraba en la parte de atrás.
    Según el pintor flamenco, el dueño de la hospedería había juntado a varios lugareños para posar para él, una vez el pintor decidiera que el dueño del establecimiento en que iban a hacer noche camino de París sería un estupendo rey de tréboles.

    Alain fue recibido en la puerta por un mozo, que tomó las riendas del caballo y se dispuso a acercarlo a las cuadras. Accedió al comedor por la puerta principal, llamando la atención de los dos únicos parroquianos que se encontraban allí. Pronto perdieron la curiosidad y volvieron a fijar su mirada en el plato.
    Se acercó al mostrador de piedra y esperó a que alguien se acercara a atenderle.
    -Y bien, ¿Qué desea el señor?- Le preguntó una mujerona sofocada. Había salido de la cocina, donde obviamente se había dedicado a encender o avivar la hoguera que amenazaba con tragarse un enorme caldero donde debía de estar preparando por anticipado la cena de esa noche.
    -Busco al dueño.
    -En el edifico aledaño. Es su vivienda. Pero yo misma puedo ir a avisarle y a ayudarle a acomodarse.
    -No se preocupe. Gracias- Exclamó tureaux, dando ya la vuelta para ir en busca del hospedero, con la prisa causada por la natural emoción que sentía al acercarse cada vez más al final de su búsqueda.

    Se podría decir que Tureaux cubrió a la carrera la veintena de metros que separaba ambas edificaciones. Agarró el picaporte, resopló y golpeó con contundencia. Los goznes chirriaron al abrirse el pesado portalón.

    Y allí se quedó Alain. Perplejo. Estupefacto. Pues en el umbral de la puerta, con los ojos muy abiertos y una sonrisa delicada, la dama de picas le indicaba con un grácil gesto de su mano que entrara.


    4



    -Así que al final, sí se queda. –Resoplaba la mujerona ayudándole a subir una de las alforjas. ES una habitación preciosa, llena de luz. Da al río y al amanecer, puede contemplar los cisnes en la orilla, buscando brotes que picotear. Además…
    -Me quedo esta.- Le cortó el joven.
    -¿Esa? Pero si sólo tiene una ventana, que da justa a la casa de al lado. La humedad del río se nota mucho más en este ala y…
    -Aquí. Deje la alforja aquí. Tenga una moneda por su amabilidad y gracias. Muchas gracias por todo- Acompañó sus palabras entregando el dinero a la mujerona e invitándola a salir con un leve empujón.
    Una vez cerró la puerta, corrió a la ventana y sus ojos empezaron a saltar de una ventana a otra del edificio de enfrente intentando encontrar…
    Allí estaba, al lado de la ventana, buscando luz para poder dedicarse a su bordado.
    Era joven. El pintor había añadido a su obra la sobriedad y la experiencia que debe acompañar a una dama noble, pero su modelo resultó ser de una edad apenas menor que la del propio Tureaux.
    Ahora reconocía el miedo y la intranquilidad que le habían acompañado en su viaje. El miedo a la decepción. La intranquilidad de que el hospedero no recordara, de que hubiera escogido a cualquier persona que estuviera de paso y que nunca la llegara a encontrar. Pero, obviamente, decidió que su hija era tan adecuada para ganar unas monedas como otra cualquiera y por qué no iba él a aprovechar la ocasión.

    La chica levantó su mirada. Sonrió al encontrar su mirada y reconocerlo.
    El retrato le había enamorado y la sonrisa terminó de romper su corazón.


    5


    Al principio, decidió hacerse el encontradizo y así entablar conversación. Al día siguiente, acompañó a la joven a la margen del río, donde la convenció de que le sirviera de guía en su primera toma de contacto con el lugar.
    Como agradecimiento, preparó un picnic del que disfrutaron en la tarde del segundo día.
    Y al tercero, decidió rendirse a sus pies. A los pies de Danielle.

    Se plantó frente a la puerta de la vivienda y se ajustó la coleta. Revisó el lazo que llevaba anudado alrededor del cuello y atusó el bordado de los puños de su blusón. El caballo estaba ensillado y dispuesto para llevarlos a ambos a Troyes, donde el marquesito había contratado un dúo de cuerda y pagado una cena que se debía servir en una terraza acristalada al lado del Sena.
    Llamó con decisión.
    -Hola,..- El rostro de Danielle reflejaba angustia. Angustia de no saber mentir o de no haber dicho ninguna verdad anterior.- Hoy no puedo verte. Estoy ocupada. Vete, por favor.
    -No, espera. Había pensado en acercarnos a…

    Un ruido de cascos a su espalda se hizo al fin lo suficientemente audible para que Tureaux girara la cabeza, lo suficiente para ver a un jinete con uniforme de alguacil,con la banda roja de capitán cruzada sobre el pecho, en rojo fuego a juego con el fajín y la pluma que coronaba su sombrero. El brillo del sol en el coselete deslumbraba la vista.

    -Danielle, el barón espera ¿Quién es tu amiguito?... Déjalo, es igual-Se dibujó una socarrona sonrisa el el rostro del jinete- No creo que sea capaz de pagar más que el barón de Fleux. Vamos, hay prisa.
    Tureaux parecía un pez fuera del agua. Perdió el color, fruto de la rabia y de la sorpresa. Sólo atinó a dejar de boquear para mirar a Danielle y espetar:- ¿De qué habla Danielle? ¿Eres una vulgar puta? ¿Eso es lo que quiere decir? ¿Es eso?...
    Las carcajadas del jinete acallaron una respuesta que nunca habría llegado.
    -¡El pobre iluso! ¿Te está rondando, Danielle? Menudo chasco ¿Eh, rapaz? Venga, ahora lárgate antes de que se me pasen las ganas de chanza. Largo.
    Alain dio media vuelta y se arrancó el pañuelo del cuello tirándolo a los pies de la chica. Se dirigió a la posada a grandes trancos, intentando mantener la poca dignidad que le quedaba. Y lo peor, arrepintiéndose ya de lo que había hecho


    6


    La luna ya estaba bien alta sobre la campiña cuando se oyeron los cascos del caballo acercándose a la puerta de la vivienda del patrón. Danielle desmontó y mantuvo la cabeza baja mientras el capitán de los alguaciles hacía girar a su montura y emprendía el camino hacia Troyes.

    Alain la escuchó sollozar a través de la ventana entreabierta y la llamó dulcemente.
    -Danielle…Danielle… Espérame un momento. Quiero hablar contigo.

    Se encontraron fuera y Alain intentó disculparse sin mirarle a la cara. Desgranó excusas y se acusó de las peores costumbres, jurando y perjurando que se le nubló el entendimiento y en ningún momento quiso ofender a la muchacha.
    Cuando levantó la vista, Danielle lloraba, empapando de lágrimas un tremendo cardenal sobre su mejilla derecha.
    -¿Pero..?
    -No digas nada. Quiero que sepas que estos encuentros con Fleux no se producen por voluntad propia. Si me negara me matarían. Yo… Yo…
    Se oyó la voz del posadero desde el interior -¿Danielle? ¿Estás ahí?

    Alain tomó una decisión.
    -Dime que te vendrás conmigo y pasado mañana te sacaré de aquí.
    -Sí.-Sonrió Danielle. Por supuesto que sí.
    Alain no escuchó la segunda afirmación. Ya se había retirado, evitando así que le posadero, que ya salía por la puerta, pudiera verlo.



    7


    El día siguiente, de amanecida, Tureaux se acercó a Troyes y allí contrató a un mensajero.
    Su labor, entregar este mensaje al marqués Bernard de Cligny:

    “Estimado Bernard:

    Sé bien que sois el único a quien preocupo. Si es que a estas alturas siquiera eso es cierto.
    He de pedirte dinero. No me andaré con rodeos. Planeo un largo viaje, quizá dificultoso por ciertos asuntos que no son fáciles de soslayar. Debo partir mañana y el dinero del que disponíapara mi excursión a Troyes se ha terminado. El correo tiene el tiempo suficiente para llegar a ti, y volver a tiempo para subvencionar mi empresa, si es que no dudas en hacerle entrega de la cantidad adecuada. Lo dejo en tus manos.

    Por cierto, ¿Qué sabes del barón de Fleux?¿Y del capitán de alguaciles de Troyes?

    P.D: Si no vuelves a saber de mí, es que he conseguido ser más feliz que nunca.



    Alain de Tureaux”



    8


    Siguiendo las instrucciones de Alain, Danielle abandonó la cama si encender candil ni luz alguna y se dirigió a la parte trasera de las caballerizas.

    -Alain…-

    -Aquí. Deprisa.- Contestó Alain desde las sombras. –Ya tengo todo preparado. Será un poco más difícil de lo que pensaba, pues no he conseguido recibir ayuda. Contaba con una fuente de ingresos con quien no he logrado convenir manera y tiempo suficientes y adecuados, pero el caballo está ya preparado para…
    -Espera ¿El caballo? ¿Pediste que te prepararan el caballo?
    La voz del posadero interrumpió la conversación.
    -El muy imbécil. Piensa que no me voy a enterar de su fuga de adolescentes y le pideal moza que le prepare el caballo. ¿De dónde coño saliste, rapaz?
    Danielle se aferró a la manga del blusón del joven.
    -Es él el que me obliga a asistir al barón. Él es el que me obliga a…

    -Déjate de melodramas y acaba con el parisino- Una nueva voz entraba en escena. El capitán de alguaciles respaldaba al posadero, al que si por si fuera poco, se unió el mozo de cuadras. Tanto el patrón como el empleado portaban enormes estacas de madera.
    -Cárgatelo rápido y luego enseña a la putilla a cerrar la boca. El barón ya decidirá lo que hacer con ella. Te pagará lo suficiente para que cualquier decisión te parezca soportable.

    Alain empujó a Danielle detrás de unas balas de heno a la vez que esquivaba el primer embate del mozo de cuadra, que no parecía un luchador especialmente hábil. Sin embargo, el posadero le alcanzó de través a la altura del codo izquierdo, dejándole el miembro casi inútil.
    Aún así consiguió evitar el golpe sucesivo que iba dirigido a su cabeza en esta ocasión. El patrón, desequilibrado, expuso su bajo vientre a Tureaux, que aprovechó para patearle sin compasión, dejándole desmayado de dolor, babeando.
    El mozo, viendo caer a su patrón, se abalanzó sobre Alain, que aprovechó su impulso para estamparlo sobre un yugo que pendía de la pared del establo, abriéndole una enorme brecha en la frente y dejándolo prácticamente inconsciente.

    El capitán de alguaciles, viendo el movimiento de Alain y anticipando el resultado, se caló unos guantes de cuero y desenvainó el florete.
    -Sabía que acabaría teniendo que ocuparme personalmente. Patanes- Se acercó con la guardia baja, desafiante y seguro de su superioridad sobre un oponente desarmado y prácticamente manco de su brazo izquierdo.
    Amagó un ataque en cuarta y lanzó una estocada en primera, avanzando su pie izquierdo. Tureaux esquivó girando su cuerpo de manera torpe y desequilibrada y quedó expuesto a una nueva estocada. El capitán aprovechó y le golpeó la sien de través, asestando un latigazo en la cara de Alain, que cayó al suelo sobre una de sus rodillas, completamente rendido y a merced del capitán. A su vez, el mozo se recuperaba del terrible golpe sufrido y se acercó a Alain levantando la estaca sobre la cabeza del desgraciado, preparado para asestar el golpe definintivo.

    Sonaron varios disparos. La pierna del mozo de cuadra estalló a la altura de la pantorrilla y salpicó de astillas y sangre la cara de Alain. El capitán se giró con cara de sorpresa y observó como dos mosqueteros recargaban sus armas mientras otros dos hombres portando antorchas se dirigían a la carrera hacia él. Tirando el florete, huyó hacia la margen del río, desapareciendo en la oscuridad de la noche.

    -¡Alain!
    Dos voces disonantes pronunciaron el nombre a la vez.
    Danielle se abalanzó sobre su amado , retirando sus brazos asustada cuando el joven se retorció de dolor agarrándose el brazo. _¿Estás bien? Díme que estás bien, por favor.

    La otra voz pertenecía a Bertrand, marqués de Cligny.


    9


    Los dos jóvenes acercaron sus caballos a Bernard, ya alejados de la conmoción de la pelea.
    -Siempre pensé que tu enfermedad era el enamoramiento. Y que se te pasaría catando otros manjares de los que solían pulular a tu alrededor, ya me entiendes. Pero cuando las semanas pasaron y la situación se enconó, llegué a dudar de mi idea. Cuando leí tu mensaje ayer, lo comprendí todo. La mención a Fleux fue clave. Ese cerdo es bien conocido por sus nefastas costumbres, y el hecho de que quisieras huir, sólo podía significar que estabas enredando en donde no debías. Los alguaciles de Troyes, por no decir la ciudad entera, están a su servicio y les paga bien por ello. Si juntas A, con B, con C… Sólo podía intentar llegar a tiempo de slavar tu pellejo.
    -Gracias, amigo. Alain intentó inclinarse y apoyar su mano en el hombro de Bernard, pero el dolor se lo impidió.
    - No me las des aún. Esto llegará a oídos del barón antes o después. Y contra él, nada puedo hacer para ayudarte. Mantendremos la búsqueda del capitán para que permanezca oculto y no desvele la historia. Eso os dará ventaja. Coged el camino de Nancy, desviaros hacia Estrasbourg como si tomarais camino de Prusia. Coged habitación en una posada y mostraos en el comedor. Una hora después, huid embozados y deshaced el camino para desviaros hacia Boulogne, en la costa norte. Allí fletaré un navío en el que tomareis pasaje.
    Alain, ¿Qué t e parece? Trabajarás para mí. Supervisarás mis negocios en el Nuevo mundo, en Louisiana. Después de tu desempeño en los negocios familiares, dudo de si será una buena idea…
    -Claro que sí, no te decepcionaré…
    -Idos. Ya. No perdáis tiempo.

    Bertrand tomó dirección opuesta y se encaminó a donde le esperaban parte de sus hombres con su caballo esbozando una sonrisa.

    De pronto, Alain le llamó de nuevo.

    -Bertrand ¿Cómo sabremos cual es el barco?

    El marqués se giró y, con los brazos en jarras, respondió.

    -El nombre del barco.
    Se llama “La dama de Picas”. Y agitando una mano, se despidió para siempre.



    Fin

  2. #2
    Avatar de nepundo
    Fecha de Ingreso
    01 Nov, 05
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    Predeterminado Re: Danielle

    Cita Iniciado por antrodax Ver Mensaje
    A última hora, siempre tarde y de mala manera. Si es que los plazos me ponen.

    Decididamente, no iba a postearlo. Me gustaría retocarlo, revisarlo, cambiar cosas. Es un trabajo inconcluso, podría decirse.
    Si quieres retocarlo, venga, abrimos la votación el lunes que viene...

    Y si no da igual, porque no es por ti de todas formas. He pensado que eso de que pille un fin de semana en todo el medio de las votaciones no va ser muy bueno.
    bolutron: quitate eso de la firma capullo cabezon!
    Mister Jose: eropdna peroa y ajno acierto ovcn las tacleas

  3. #3

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    20 Nov, 08
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    Predeterminado Re: Danielle

    Bah, no quedó tan mal. Los retoques lo dejarían demasiado largo y así tiene cierto encanto. O eso me parece a mí. Es raro releerse y no arrepentirse de haberlo escrito. Pocas veces me ocurre.

    Así que no lo tocaré.

  4. #4
    Avatar de parncito
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    01 Oct, 07
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    Predeterminado Re: Danielle

    Antrodax, vi a decirles al lagarto y al zeggy que son mas literatos que se pasen por aquí ...

  5. #5

    Fecha de Ingreso
    20 Nov, 08
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    Predeterminado Re: Danielle

    Cita Iniciado por parncito Ver Mensaje
    Antrodax, vi a decirles al lagarto y al zeggy que son mas literatos que se pasen por aquí ...
    ¿Serías tan cabrón? Jejeje.

    Es un divertimento, medio Jazmín, medio capa y espada. Pero esto lo negaría ante cualquier juez.

    A todo esto... ¿Qué te parece? ¿O nos apuntamos a la brigada del pañal y nos dedicamos al "überposting pa ná"?

    Un saludo, crack.

  6. #6

    Predeterminado Re: Danielle

    No creí que quedara vivo ningún "negro" de Alejandro Dumas, y mucho menos descubrirlo en un foro de poker.

    Ya tienes un voto.

  7. #7
    Avatar de parncito
    Fecha de Ingreso
    01 Oct, 07
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    Predeterminado Re: Danielle

    Cita Iniciado por antrodax Ver Mensaje
    ¿Serías tan cabrón? Jejeje.

    Es un divertimento, medio Jazmín, medio capa y espada. Pero esto lo negaría ante cualquier juez.

    A todo esto... ¿Qué te parece? ¿O nos apuntamos a la brigada del pañal y nos dedicamos al "überposting pa ná"?

    Un saludo, crack.
    No me ha disgustado en absoluto...y además de contar con mi voto para la novelesca historia mantendré mis dedos reposados por el teclado para no postear donde no debo acerca de tus literatas aficiones.

  8. #8
    Avatar de Yunka
    Fecha de Ingreso
    14 Feb, 08
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    483

    Predeterminado Re: Danielle

    ¡¡Pardiez Antrodax!!

    La lectura de tu afrancesado relato me ha hecho perder el oremus y el torneo que estaba jugando.

    El tema es eterno como el mundo y le has dado un tratamiento tan ágil que el lector se introduce con facilidad en una atmósfera en la que todo parece verosímil.

    Creo que deberás batirte en duelo al amanecer con Truji, para dilucidar quién es merecedor del galardón del foro.

    Gracias por la parte que me toca en la dedicatoria.

    Un abrazo

  9. #9

    Predeterminado Re: Danielle

    Muy bueno antro.
    Por la dedicatoria no sé si darte las gracias o mandarte a un sitio que yo me sé, ahh, no hace falta, ya vives en el. xDDDD

    Si no salen a flote mis instintos de vigués, tienes mi voto.

    Saludos

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