El Debate de la Semana¿Dónde poner la frontera a los recreacionales en las mesas?

El slowroll del alemán Andreas Gann en la mesa final del Irish Open y la reacción de la mesa y los comentaristas nos han dejado con ganas de debatir.

¡Buenos días, ávidos devoradores de esta particular sección de Poker-Red!

¡Esto sí que está siendo un slowroll en toda regla!
¡Esto sí que está siendo un slowroll en toda regla!

Antes de sacar los colmillos, esta semana es importante componer el contexto alrededor del que se desarrollará mi reflexión de hoy.

Al principio de la mesa final del Irish Open, el alemán Andreas Gann se encontraba en la ciega pequeña las ciegas con unas 4-5 ciegas, y recibió  Kd
Qd
. La mano venía abierta por todo un caballero que lleva décadas derramando clase en torneos de todo pelaje y condición, el insigne Donnacha O’Dea.

En resumen, el alemán pagó en vez de pushear su magro stack y flopeó tres diamantes más, unas nueces que ya las quisiera para sus clientes la Granja San Francisco. O’Dea fue all-in con dobles y Gann se tiró varios minutos haciéndose el loco antes de pagar.

Esto es lo que se llama un slowroll. Demorar un call que por pura lógica es automático para infundir en el rival la falsa esperanza de que vas a foldear o que su mano puede ser favorita, con el consiguiente jarro de agua fría cuando conoce la realidad. Algo bastante desagrable de soportar y universalmente considerado de mal gusto.

Las imágenes muestran a varios de los jugadores presentes realmente indignados con Gann y el sonido en directo ha preservado la airada reacción de los comentaristas, todo ante un cariacontecido Gann que no se sabe bien si es que no se entera de nada o piensa que su momento de gloria televisiva aún no ha terminado.

El slowroll está considerado de muy mal gusto

En la Red ha surgido una corriente de aprecio hacia Gann, al que alguno ven como la víctima del desconocimiento, de un malentendido o de una confusión debida a su prácticamente nula experiencia en vivo, y menos en una mesa final en la que todos compartían la oportunidad de ganar 250.000€.

Pues, señores y señoras bienpensantes, en mi opinión no es excusa alguna, y las diferentes reacciones a la jugada, en caso de merecer algún reproche, es por ser ciertamente moderadas para lo que acaba de suceder.

Primero, que no sabe jugar mucho es aparente. Pagar para ver el flop sin tener siquiera la posibilidad de pushear de cara lo dice todo. Pero en el momento del call, su gesto queriendo que volteara las cartas primero O’Dea -que ya lo había hecho, para más inri- y su gestito de sorpresa para hacerse el graciosete, a mí me convencen plenamente de que este individuo sabe perfectamente lo que hace.

Pongámonos en el caso de que no lo sabe -no se le ve intención alguna siquiera de disculparse una vez le afean la jugada, pero estamos teorizando-. El tipo no se entera de nada, lo eliminan, y lo que queda en cinta es un grupo de pros avasallando a un desamparado jugador recreacional que no ha podido disfrutar del mejor momento de su carrera pokerística como debía. ¿Qué ejemplo estamos dando a nuestros niños?

No hay que renunciar a la dignidad

Pues el justo y necesario, demonios. Una cosa es que necesitemos como agua de mayo que la gente se anime a sentarse a nuestras mesas, y que si hay que ponerles un cojín, reclinarles el asiento y buscarles un reposapiés yo sea el primero en presentarme voluntario, y otra cosa es que haya que renunciar a la dignidad para conseguirlo.

Es como si un aficionado al snooker se presenta a jugar una partida del circuito en chándal. O un equipo de rugby no hace pasillo al rival al finalizar el partido y pasa olímpicamente del tercer tiempo.

No. Lo siento. Por ahí no se pasa -el tercer tiempo es sagrado, pardiez-. Es necesario afear ese gesto, porque es básico que ese comportamiento quede erradicado y no se repita. Y si lo hacen los compañeros de mesa y los comentaristas de una retransmisión, perfecto. Así se extiende la enseñanza de las maneras que hay que cuidar cuando juegas al poker en vivo.

Me viene a la mente la excepcional actuación del director de torneo en la Gran Final del EPT en Madrid, señalando las malas artes del venenzolano Fréitez sin vergüenza alguna, y avisando al rival de que ese señor ya se había portado de manera imperdonable antes y posiblemente lo estaba volviendo a hacer. Grande, Kremser.

De ninguna de las maneras y bajo ninguna circunstancia me gustaría ver que ese tipo de situaciones se vuelven comunes en una mesa de poker y nadie lo señala por miedo a que el jugador responsable no conozca exactamente las repercusiones de sus actos. Es dar barra libre al que sí lo sabe para campar a sus anchas, y convertir los torneos en una versión multimesa de una mesa de cash de un casino francés.

Hay que evitar que estas situaciones se hagan comunes

Al que cruce esa raya del mal gusto, vueltecita de sanción, y si al hombre se le ve genuinamente perdido, el director del torneo se lo lleva aparte y le explica con buenas palabras y una mano en el hombro que lo que ha hecho es como si al acabar un partido de tenis en vez de acercarse a la red a darle la mano al contrario se hubiera plantado en medio del cuadro de saque y le hubiera dedicado un apretadita de paquete.

Muy Mal, Andreas. Caca. Ni se te ocurra volverlo a hacer. 

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