Desmontando a Howard Lederer (VI)

La sexta entrega dedicada a destacar las inconsistencias en la historia que contó Lederer se centra en los primeros contactos para vender la empresa.

Diamond Flush ha publicado el sexto artículo de una serie que pretende ir analizando las inconsistencias de la versión que Howard Lederer dio sobre el fiasco económico de Full Tilt Poker en distintos medios el mes pasado.

-¿Me vas a querer siempre? -Siempre, siempre.
-¿Me vas a querer siempre? -Siempre, siempre.

El 1 de mayo de 2011, se convocó una junta general de accionistas para analizar las consecuencias del Black Friday y el estado de la compañía. Habían pasado 10 días desde la reunión que dejaba bien a las claras que Full Tilt Poker no podía hacer frente ni a la probable multa del Departamento de Justicia ni a la devolución de los fonods de los jugadores norteamericanos.

En ese ínterim, varios propietarios fueron informados personalmente de la situación por los presentes en la reunión del 21 de abril, mientras a otros se les ocultaba la verdadera situación de la empresa, aunque Lederer niegue este tipo de actuaciones.

La junta general era la primera desde octubre desde 2008, pese a la reiterada petición de convocatoria de juntas trimestrales, que la junta directiva no consideró adecuado programar.

Varios asistentes a la reunión del 1 de mayo recuerdan perfectamente, al contrario que Lederer, que fue él el que llevo las riendas de la reunión y el que insistió en que no era momento de buscar responsables. Las estimaciones sobre la cantidad de dinero líquido necesario para sacar a flote a la compañía crecían en cada reunión posterior.

En las primeras semanas posteriores al Black Friday, hubo numerosos interesados en invertir dinero en Full Tilt. Algunos no pasaron de un par de llamadas, otros firmaron acuerdos de confidencialidad y unos pocos iniciaron procesos de auditoría.

Lederer nombra específicamente a Jack Binion. El acuerdo que ofrecía el grupo Binion consistía en aportar 150 millones de dólares a cambio de un 40% de las acciones. Lederer ha ocultado que Binion quería controlar la compañía y pretendía escoger la junta directiva y reemplazar a Bitar.

Hay diferentes versiones de por qué no salió adelante. Lederer lo intentó por todos los medios, pero algunos propietarios veían en Binion un “hombre de Howard”. Además, hay quien asegura que surgió un problema; Binion no quería seguir adelante sin que se llegara a un acuerdo previo con el Departamento de Justicia. Las negociaciones con el gobierno se llevaban en secreto y, pese a que varios accionistas exigieron saber el estado de dichas discusiones, se les ocultó la información.

La petición de que los accionistas y directivos que habían estado cobrando dividendos aportaran fondos personales a la empresa provino de un grupo inversor de Nueva York que esperaba recaudar de 30 a 50 millones de dólares que añadir a una infusión de dinero de 300 millones.

A mediados de mayo se informó a los accionistas que la Comisión de Alderney había terminado su investigación y que no había encontrado indicios de mala gestión, que la Comisión estimaba que el tema de la devolución de los fondos de los jugadores de Estados Unidos debía ser tratado por el Departamento de Justicia de aquel país y que se apoyaba la continuidad de Ray Bitar al frente de las operaciones en el resto del mundo, ya que era el poseedor de las licencias.

Debido a estas consideraciones, la cantidad estimada de financiación necesaria bajó hasta los 150 millones de dólares, considerando que no se necesitaba tener asegurados al completo los fondos de los jugadores del resto del mundo que aún podían jugar en la sala.

Un grupo inversor internacional, con el poder económico suficiente como para proceder a reflotar inmediatamente la empresa y bien relacionada con un empleado de Full Tilt Poker, llegó a ofrecer firmar el acuerdo de confidencialidad y proceder a una auditoría rápida. Los accionistas nunca fueron informados de tal posibilidad y la directiva no llegó siquiera a formalizar la confidencialidad.

El rechazo de un primer contacto con PokerStars a principios de junio se achaca desde diversas fuentes a la desconfianza de Lederer acerca del uso de la información que podría hacer Isai Scheinberg.

La llegada de junio también trajo la famosa demanda de Phil Ivey, en la que pedía que se declarara nulo su contrato con Full Tilt y 150 millones en daños y perjuicios. Ivey cobraba por hacer apariciones públicas promocionando la marca, pese a ser accionista y, por tanto, tener derecho a dividendos y beneficiarse de aportar su apoyo a las campañas de márketing de manera indirecta, con el éxito de la empresa.

Ivey argumentaba que su contrato con Full Tilt le impedía explorar otras posibles esponsorizaciones y de ahí la petición de daños y perjuicios por un valor que equivalía a quince veces lo que quedaba en las arcas de Full Tilt Poker.

Acerca de la fidelidad de Ivey, corren historias acerca de sus varias negativas a aparecer en eventos promocionales e incluso a negarse a llevar el logo de Full tilt en la mesa final del Main Event de las WSOP de 2009 si no se le pagaba un bonus.

En la siguiente entrega, recordaremos como Ivey retira la demanda y se presenta como el salvador de Full Tilt con el apoyo del grupo inversor conocido como White Knight y el intento de derribar a la directiva de Full Tilt Poker.

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