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El «impuesto fantasma» que amenaza al poker en EE. UU.: ganar 100.000 $ y declarar 190.000 $

A.Sevillano | HACE 58 MINUTOS 21 SEGUNDOS
El «impuesto fantasma» que amenaza al poker en EE. UU.: ganar 100.000 $ y declarar 190.000 $
No parece que vayan a dar marcha atrás. El IRS escucha a la comunidad, pero no puede cambiar la ley.

En Estados Unidos huele a la España del pasado. Un jugador de poker puede terminar el año con 100.000 $ de beneficio real y verse obligado a declarar ante el fisco estadounidense que ha ganado 190.000 $. Incluso podría perder dinero y, bajo determinadas circunstancias, tener que pagar impuestos como si hubiera cerrado el ejercicio en positivo.

No se trata de un error de cálculo. Es una de las consecuencias de la One Big Beautiful Bill Act, la gran reforma fiscal impulsada por Donald Trump que, desde el 1 de enero de 2026, permite deducir únicamente el 90% de las pérdidas relacionadas con el juego.

La medida ha puesto en pie de guerra a la industria del gambling y golpea especialmente al poker profesional, una actividad en la que las ganancias y las pérdidas brutas pueden alcanzar varios millones de dólares para generar unos márgenes finales relativamente pequeños.

Erik Seidel ha sido uno de los primeros grandes nombres en pasar de las palabras a los hechos. El ganador de diez brazaletes de las WSOP considera que el nuevo sistema hace prácticamente insostenible el poker profesional y ha reducido su calendario de los 100-150 torneos que disputaba cada año a aproximadamente una cuarta parte. También ha eliminado casi por completo los High Rollers de 25.000 $ o más.

¿Cómo tributaban hasta ahora los jugadores?

Hasta 2025, un contribuyente estadounidense podía compensar sus ganancias de juego con el 100% de sus pérdidas, siempre con el límite de las cantidades ganadas y cumpliendo los requisitos de declaración y documentación.

Un jugador que registraba un millón de dólares en sesiones ganadoras y 900.000 $ en sesiones perdedoras terminaba el año con un beneficio de 100.000 $. Antes de la reforma, podía deducir esos 900.000 $ y su renta fiscal procedente del juego coincidía con el resultado económico real: 100.000 $.

La nueva redacción de la sección 165(d) del Código Tributario cambia esa operación. Desde 2026, la deducción será la menor de estas dos cantidades:

  • El 90% de las pérdidas de juego registradas durante el ejercicio.
  • El total de las ganancias procedentes del juego durante ese mismo año.

Ese recorte aparentemente pequeño provoca una enorme distorsión cuando se aplica a jugadores que mueven mucho volumen y trabajan con un ROI reducido.

El ejemplo de un grinder que gana 100.000 $ al año

Imaginemos a un profesional que termina el ejercicio con 100.000 $ de beneficio real después de registrar un millón de dólares en sesiones ganadoras y 900.000 $ en sesiones perdedoras.

Concepto Sistema anterior Nueva norma
Ganancias brutas 1.000.000 $ 1.000.000 $
Pérdidas reales 900.000 $ 900.000 $
Porcentaje deducible 100% 90%
Deducción permitida 900.000 $ 810.000 $
Beneficio económico real 100.000 $ 100.000 $
Renta fiscal procedente del juego 100.000 $ 190.000 $

El grinder no tendría que pagar 190.000 $ de impuestos, pero sí calcularía su impuesto federal como si hubiera generado 190.000 $ de renta procedente del juego. La factura final dependerá de su tipo impositivo, del resto de sus ingresos, de su situación personal y de los impuestos aplicables en su estado.

La nueva norma añade así 90.000 $ de ingresos fiscales que el jugador nunca ganó realmente. De ahí que la comunidad haya bautizado el problema como phantom income o «ingreso fantasma».

También se puede perder dinero y tener renta fiscal positiva

El problema no se limita a los jugadores ganadores. Un contribuyente que acumule 100.000 $ en sesiones positivas y 105.000 $ en pérdidas habrá terminado el año con un resultado real de -5.000 $.

Sin embargo, solo podrá descontar el 90% de sus pérdidas, es decir, 94.500 $. El cálculo dejaría una renta fiscal de 5.500 $ pese a que el jugador perdió dinero.

Esto no significa que cualquier año negativo genere automáticamente impuestos. Si las pérdidas son lo suficientemente superiores a las ganancias, la deducción continuará limitada por el total ganado y la renta fiscal podrá quedar en cero. Pero los ejercicios cercanos al break-even sí pueden producir esta situación.

Por qué el poker resulta especialmente perjudicado

La diferencia entre ganancias brutas y beneficio neto es especialmente importante en el poker de torneos. Un profesional puede acumular cobros millonarios a lo largo de la temporada y haber invertido casi la misma cantidad en buy-ins.

Katie Stone utilizó un ejemplo similar durante una audiencia celebrada por el IRS. Un jugador online podría registrar dos millones de dólares en ganancias y 1,9 millones en pérdidas para cerrar el año con 100.000 $ de beneficio.

Con el nuevo límite, solo podría deducir 1,71 millones y tendría que declarar 290.000 $ en lugar de los 100.000 $ que realmente ganó. Cuanto mayor sea el volumen y más pequeño el margen, mayor será la diferencia.

Esta realidad explica la reacción de Seidel y de otros profesionales. Phil Galfond planteó el caso de un jugador con 5,2 millones en sesiones ganadoras y cinco millones en pérdidas: un beneficio real de 200.000 $ que se convertiría en 700.000 $ de renta fiscal.

Chris Brewer llegó a describir la reforma como una posible «sentencia de muerte» para el poker profesional, mientras que Nate Silver recordó que el sistema estadounidense ya penalizaba los años negativos y que una mala temporada puede aparecer incluso en la carrera de un jugador ganador.

¿Qué sucede con los gastos profesionales?

La ley no se limita al coste directo de las apuestas. Su redacción incluye dentro de las pérdidas de juego cualquier otra deducción vinculada al desarrollo de la actividad, lo que puede alcanzar gastos como viajes, alojamiento, coaching o determinadas herramientas utilizadas por los profesionales.

Este punto ha generado numerosas dudas. Los gastos empresariales no se reflejan siempre de la misma manera que los resultados del juego y los asesores fiscales han pedido al IRS instrucciones claras sobre qué cantidades quedan sometidas al límite del 90%.

Para los jugadores presenciales, el problema puede aumentar al añadir vuelos, hoteles y desplazamientos a una temporada ya caracterizada por buy-ins elevados. Para los grinders online, las dudas afectan también a software, formación, movimientos bancarios, registros de las salas y operaciones realizadas con criptomonedas.

El IRS escucha a la comunidad, pero no puede cambiar la ley

El IRS celebró el 17 de julio una audiencia telefónica para escuchar a jugadores, asesores fiscales, legisladores y representantes de la industria antes de cerrar las normas de aplicación.

Todd Witteles propuso separar el poker, las apuestas deportivas, el casino y el resto de modalidades de juego, permitiendo calcular los resultados de cada categoría como sesiones anuales independientes. Según su planteamiento, esto facilitaría la compensación de ganancias y pérdidas y reduciría los errores entre los jugadores de gran volumen.

Witteles también solicitó que los extractos de las salas online, los registros de aplicaciones, los movimientos bancarios y las operaciones con criptomonedas sean aceptados como prueba en una inspección, en lugar de exigir exclusivamente diarios detallados de cada sesión.

Sara O’Connor recordó que la norma no afecta únicamente a millonarios y profesionales de high stakes. Los recreacionales también pueden alternar sesiones ganadoras y perdedoras para terminar el año even o con un beneficio mínimo y encontrarse con una renta fiscal superior a su resultado real.

Las peticiones realizadas al IRS pueden servir para aclarar qué se considera una sesión, qué documentación será válida y cómo deben tratarse los gastos. Sin embargo, el organismo tributario no puede restaurar por sí mismo la deducción del 100%. Para modificar ese porcentaje es necesaria una nueva intervención del Congreso.

Varios proyectos intentan corregir la reforma

La congresista de Nevada Dina Titus presentó la FAIR Bet Act con el objetivo de sustituir de nuevo el 90% por el 100%. Titus sostiene que los contribuyentes no deberían pagar impuestos por dinero que nunca llegaron a recibir y alerta del impacto sobre Nevada y otros estados dependientes de la industria del juego.

Los congresistas Max Miller y Steven Horsford impulsaron posteriormente la FULL HOUSE Act, otra propuesta destinada a recuperar las reglas anteriores con efecto desde el comienzo de 2026.

También se presentó en el Senado una enmienda respaldada por Catherine Cortez Masto y Ted Cruz. Ninguna de estas iniciativas había conseguido, hasta el momento, eliminar el límite que ya está en vigor.

Los académicos que quieren eliminar todas las deducciones

No todas las voces consideran que la solución sea regresar al sistema anterior. Los profesores Mirit Eyal-Cohen, de la Universidad de Alabama, y Jay A. Soled, de Rutgers, defienden que las pérdidas de juego no deberían ser deducibles en ningún porcentaje.

Su argumento es que el gambling constituye una forma de entretenimiento y consumo personal, no una actividad económica productiva. Desde esa perspectiva, sus costes deberían recibir un tratamiento similar al de otros gastos personales que no pueden descontarse de la renta.

La postura choca frontalmente con la de los profesionales, que consideran el poker su actividad económica y necesitan asumir pérdidas, buy-ins y gastos para generar ingresos. También ignora, según sus críticos, que el sistema obliga a declarar todas las ganancias brutas antes de permitir cualquier compensación.

Una amenaza para los jugadores de gran volumen

La reforma no convierte automáticamente en inviable a cualquier jugador estadounidense, pero altera radicalmente las cuentas de quienes generan grandes cifras brutas con márgenes pequeños. Son precisamente los profesionales de torneos, los grinders online y los regulares de high stakes quienes más expuestos quedan al «impuesto fantasma».

Seidel ya ha decidido reducir su actividad y otros jugadores podrían seguir el mismo camino, bajar de niveles, disputar menos torneos o trasladar su residencia fuera de Estados Unidos.

Mientras el Congreso decide si corrige la ley, los jugadores afrontan 2026 con una conclusión incómoda: en el nuevo sistema fiscal estadounidense, ganar 100.000 $ en las mesas no significa necesariamente tributar por 100.000 $.

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