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Hay días en que no me apetece ni abrir el ordenador... Esto es lo que hago

Marc Durán | 09/04/26
Hay días en que no me apetece ni abrir el ordenador... Esto es lo que hago
No es pereza. No es falta de carácter. Es una señal que tu mente lleva un rato intentando mandarte. Y la mayoría de profesionales del riesgo aprenden a ignorarla. Hasta que no pueden más.

Cuando jugaba al póker había mañanas en las que me sentaba frente al ordenador, abría el cliente, y algo dentro de mí decía no. Sin motivo aparente. Sin cansancio físico. Sin haber tenido una mala noche ni una sesión catastrófica el día anterior. Solo… una resistencia sorda. Difusa. Casi imposible de nombrar.

Al principio lo ignoraba. Me decía que eso era flojera, que los profesionales juegan aunque no quieran, que si esperaba a tener ganas nunca llegaría a ningún sitio. Así que abría las mesas. Y jugaba. Y a los veinte minutos ya estaba tomando decisiones que no eran las mías. Calls que no habría hecho en el mood adecuado. Tilts silenciosos que no reconocía como tales hasta que cerraba el ordenador y miraba la gráfica.

Tardé bastante tiempo en entender algo fundamental: ese "no quiero" no era el problema. Era el síntoma.

Lo que realmente pasa cuando no quieres jugar

Hay una idea muy extendida en el mundo del juego profesional que dice que la disciplina es sinónimo de ignorar cómo te sientes. Que los buenos jugadores se sientan igual estén como estén. Que las emociones son ruido.

Es una idea peligrosa. Y en mi experiencia, es también una de las razones por las que muchos jugadores con talento técnico acaban teniendo resultados mediocres a largo plazo.

Las emociones no son ruido. Son datos. Y cuando tu cuerpo y tu mente te dicen "hoy no", hay información ahí que merece ser leída antes de ser ignorada.

"Esperar a que se pase no es una estrategia. Es aplazar una conversación que tarde o temprano tendrás que tener contigo mismo."

Detrás de esa resistencia casi siempre hay algo concreto. Una sesión que todavía duele más de lo que reconoces. Una decisión que tomaste y que aún no has procesado. Un miedo que se activó sin que te dieras cuenta. Una creencia sobre ti mismo que está operando en segundo plano: "no soy suficientemente bueno", "cuando llego a este punto siempre lo echo a perder", "no me merezco este run".

El trabajo no es empujar a través de esa resistencia como si no existiera. El trabajo es encontrar qué hay debajo de ella.

La pregunta que lo cambia todo

Cuando tengo uno de esos días — y los sigo teniendo, porque esto no desaparece, solo aprendes a gestionarlo mejor — me hago una pregunta antes de tomar ninguna decisión sobre si juego o no:

¿Qué pensamiento está detrás de este "no quiero"?

No "¿por qué no tengo ganas?" — esa pregunta te lleva a racionalizaciones. Sino, ¿qué historia me estoy contando ahora mismo sobre mí, sobre el juego, sobre lo que puede pasar si abro las mesas?

A veces es algo obvio: "llevo tres días de downswing y tengo miedo de que continúe". A veces es algo que no esperabas encontrar: "me comparé ayer con alguien que está ganando mucho más que yo y me quedé con eso". A veces es algo que viene de fuera del juego y que te estás llevando a las mesas: una conversación difícil, una preocupación de fondo, un día en que simplemente el mundo pesa más de lo normal.

Por qué esto importa

El rendimiento en contextos de riesgo no depende solo de tu capacidad técnica.

Depende de tu estado interno en el momento de tomar decisiones. Puedes tener el mejor sistema del mundo y ejecutarlo mal si hay un pensamiento no resuelto compitiendo por tu atención cognitiva.

Identificar ese pensamiento no es psicología new age. Es higiene mental básica para cualquiera que tome decisiones bajo presión y con dinero real encima de la mesa.


Lo que no funciona: las soluciones de parche

Hay respuestas habituales a los días sin ganas que he visto no funcionar, en mí y en los jugadores con los que trabajo:

1. Esperar a que se pase. No se pasa. Se acumula. Y cuando abre las mesas tres días después, el jugador carga con todo lo que no procesó más la presión añadida de haber perdido días de volumen.

2. Forzar la sesión "para mantener la disciplina". La disciplina sin autoconsciencia es rigidez. Y la rigidez rompe. Jugar cuando no debes no es disciplina, es ignorancia emocional disfrazada de virtud.

3. Distraerse para "despejarse". Netflix, redes sociales, salir a tomar algo. No hay nada de malo en descansar, pero si se usa como evasión, el pensamiento sigue ahí cuando vuelves. Solo lo has tapado un rato.

4. Hablar del problema sin ir a la raíz. Quejarse de la varianza, del juego, de los rivales. Es real que la varianza existe y que el juego es duro. Pero si eso es lo único que articulas, no llegas al pensamiento que realmente te está bloqueando.

Lo que sí funciona: el proceso real

No existe una única receta. Lo que funciona varía según la persona, el momento y el tipo de pensamiento que estás manejando. Pero hay una estructura que sí se sostiene:

1. Primero: identifica el pensamiento

Para. Antes de hacer nada. Siéntate con esa incomodidad un momento y pregúntate qué hay ahí. No para solucionar nada todavía, sino solo para nombrarlo. Hay algo poderoso en pasar de "no tengo ganas" — que es vago y difuso — a "tengo miedo de que si juego hoy voy a perder y eso va a confirmar lo que pienso de mí mismo" — que es concreto y manejable. Yo por ejemplo, cuando me doy cuenta, bloqueo la siguiente primera hora de la mañana y me siento en mi sofa con los ojos cerrados un rato, simplemente “escucho” lo que dice mi subconsciente.

2. Segundo: regúlate desde el entendimiento, no desde la evasión

Una vez tienes el pensamiento identificado, puedes hacer algo con él. Y aquí sí entran las herramientas: movimiento físico, escribir, meditar, hablar con alguien de confianza, hacer una visualización, revisar tu proceso. Cualquiera de estas cosas puede funcionar. La diferencia está en si las usas para procesar lo que encontraste, o para evitar seguir mirando.

El movimiento físico, por ejemplo, no sirve porque "despeja la mente". Sirve porque regula el sistema nervioso y baja la activación emocional, lo que te da más capacidad para volver al pensamiento desde un estado más calmado. No es lo mismo salir a correr para huir de un pensamiento que salir a correr sabiendo exactamente de qué tienes que hablar contigo mismo cuando vuelvas.

En mi caso, me siento bien expresarme, así que: escribo a mano, envió un audio largo a un colega por Whatsapp o si tengo sesión con mi terapeuta en breve, organizo mi mente en un esquema para poder hablarlo bien. Si la energía es más agresiva, suelo chillar hasta desahogarme o le pego a un cojín. Si se me viera desde fuera parece que estoy loco, pero si se me viera desde dentro, es justo lo que necesito.

3. Tercero: decide desde la claridad, no desde la presión

Después de ese proceso, la pregunta sobre si jugar o no se responde sola la mayoría de las veces. Hay días en que haces ese trabajo y te das cuenta de que sí puedes jugar, que lo que te bloqueaba era algo menor que ya procesaste. Y hay días en que te das cuenta de que no, que hoy no es el día, y que tomar esa decisión conscientemente es la mejor jugada que puedes hacer para tu bankroll a largo
plazo.

No tiene sentido hacerlo sin regularlo.

"La decisión de no jugar puede ser la mejor decisión de la sesión."

Por qué esto diferencia a los profesionales con longevidad

Llevo tiempo trabajando con jugadores de póker, traders y profesionales de eSports, y hay un patrón que se repite casi sin excepción: los que tienen longevidad real en su carrera no son necesariamente los más inteligentes técnicamente. Son los que han desarrollado la capacidad de leer su estado interno y tomar decisiones en consecuencia.

Los que queman — y hay muchos — suelen tener en común que ignoran esa lectura. Se cuentan la historia de que lo que importa es el volumen, la constancia, el no ceder. Y eso funciona hasta que deja de funcionar. Hasta que la acumulación de sesiones forzadas, de pensamientos no procesados, de emociones aplastadas, cobra su precio.

En ASSES trabajamos exactamente esto. No como un complemento al trabajo técnico, sino como parte central del rendimiento. Porque un jugador que sabe leer sus propias señales, que sabe cuándo está en condiciones de rendir y cuándo no, que ha desarrollado herramientas reales de regulación emocional, tiene una ventaja que ninguna mejora técnica puede compensar si no está.

Si hoy es uno de esos días

No te fustigues. Pero tampoco lo dejes pasar.

Para. Pregúntate qué pensamiento hay debajo de ese "no quiero". Nómbralo con la mayor precisión que puedas. Y luego haz algo real con él, no algo que lo tape.

Eso ya es trabajo. Eso ya es ser profesional.

Si esto te pasa a menudo; cambia en 90 días aquí.

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