Póquer y deportes: piensa en green por spainfull

Me voy a saltar una vez más el guión de artículos que le pasé al jefe (algún día me va a matar) y voy a seguir con la serie deportiva hablando de un de un juego de palos, pelotas y agujeros apto para menores (y no me refiero a un colegio de curas). El desencadenante de esta decisión ha sido la Ryder Cup que se disputaba este fin de semana en el campo de Valhalla en Louisville (Kentucky), ganada esta vez por el equipo USA tras varias ediciones de dominio europeo.

El golf es un deporte que me fascina, y aunque solo he dado alguna clase, me he hinchado a ver torneos por la tele. Pero si voy a hablar de él no es por mi afición, sino por el hecho de que tiene innumerables similitudes con el póquer. Esta vez no voy a criticar nada porque para eso está el MARCA y sus “expertos” en golf. Es complicado equivocarse tanto ni adrede y tenerle tantas ganas a un deportista como le tienen a Sergio García.

Al golf en España le sucede algo parecido al póquer (aunque es más grave en el caso del golf porque ya se popularizó gracias a Severiano Ballesteros hace mucho tiempo). Es un deporte muy practicado en todo el mundo -especialmente en Estados Unidos-, con un gran número de profesionales que viven de él, con torneos de una cuantía económica enorme separados en dos circuitos principales: europeo y americano, pero que no tiene apenas repercusión en los medios de comunicación españoles.

Además, se da la circunstancia de que son dos deportes con bastante mala reputación, sobre los que la gente tiene muchos prejuicios infundados, cuya condición de deporte se cuestiona sin cesar y que se piensa que se precisa mucho dinero para practicarlos. Esto es principalmente porque no se conocen lo suficiente y se lanzan juicios de valor sin fundamento alguno. La principal acusación sobre el golf es que es un deporte de snobs o de gente de clase alta; sobre el póquer que es de ludópatas o gente de mala vida. Puede que alguno de los participantes reúna estas características, pero afortunadamente cada vez es menos frecuente. Hay muchos campos municipales que no son nada caros y jugar por internet al póquer es tan barato y poco peligroso como echar unas partiditas sin dinero de por medio.

Pero a pesar de todos estos factores externos negativos, el número de participantes sigue creciendo día a día en ambos deportes. Cada vez hay más sitios (campos nuevos y casinos) donde se pueden practicar. Esto se debe a que una vez que se prueban, normalmente uno se queda con ganas de seguir practicando y mejorando. La ventaja que tienen es que se puede jugar a ambos sin importar la condición física ni la edad que se tenga. No es extraño que muchísimos ex deportistas una vez que concluyen su carrera, se dediquen a cualquiera de ellas, ya que pueden seguir soltando la adrenalina de la competición de una manera mucho más relajada.

Ahora vamos a incidir en las similitudes más curiosas relativas al juego y los jugadores. Para empezar, al igual que ocurría con el tenis, el aspecto mental es imprescindible. Se precisa una fuerza mental extraordinaria, ya que en los últimos golpes la presión puede ser enorme; la más ligera falta de concentración puede hacer que se pierda el torneo. Y, también como en el tenis, se comparan muchas veces los torneos de póquer a los torneos de golf. Cada jugador paga su inscripción y solo los que pasan el corte (la burbuja) pueden optar a los premios más jugosos, siendo el dinero para el ganador mucho mayor en relación al resto.

Es un deporte individual en la mayoría de torneos, donde la agresividad suele conllevar mucha más varianza pero mayores opciones de quedar más arriba si las cosas salen bien (y por tanto, mayores premios). La posición es una ventaja importante (en este caso, la posición la tiene el que lleva la bola más cerca de los compañeros de partido), ya que permite observar qué pasa con el golpe del rival, qué palo ha elegido, la influencia del viento en su tiro, etc. Un exceso de agresividad es a menudo perjudicial, puesto que hará que el golpe no sea demasiado preciso y se quede lejos de nuestro objetivo.

Otra característica común es que hay muchas maneras distintas de lograr el golpe óptimo y, muchas veces, hay tantas variables que no se conocen con precisión (intensidad del viento, rachas repentinas, morfología exacta del terreno, dureza del campo, receptividad de los greenes, etc.), que es imposible saber el mejor movimiento y solo se puede realizar el que se crea más rentable de las opciones y esperar que los cálculos realizados y la suerte estén de nuestro lado.

A grandes rasgos, se podría decir que el golf se divide en juego largo, juego medio y juego corto. El juego largo (maderas) es similar al preflop, donde se empiezan a perfilar las equities de la mano. El juego medio (hierros) se podría comparar al flop, donde se va definiendo la mano. El juego corto (putt) se podría comparar a las dos últimas calles, donde se decide el resultado final de la mano. En otro artículo desarrollaré este párrafo con mayor profundidad.

Las curiosidades que unen los dos deportes son bastante evidentes. Para empezar, el lenguaje empleado está en su mayoría plagado de términos en inglés para los que no hay traducción. Otra peculiaridad es que los jugadores suelen llevar gorras o viseras para cubrir sus cabezas. Por último, las trampas están terriblemente mal vistas y suelen ser castigadas con dureza, llegando a excluir a jugadores de torneos por haber cometido alguna irregularidad.

Por último, más vale que los que empezáis a jugar en serio y bien al póquer y tengáis pensado jugar en vivo, deis unas clasecitas de golf, porque las apuestas entre los pros a este deporte son cuantiosas. Así que, si en una sesión la fortuna no os ha sonreído, quizás jugando a $1.000 el hoyo podáis recuperar parte de lo perdido o incluso salir con beneficios.

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